Alonso de Espinosa y su historia de la Candelaria

La biblioteca de El Museo Canario posee un ejemplar del libro Del origen y milagros de la santa imagen de nuestra señora de Candelaria, escrito por el fraile dominico Alonso de Espinosa y publicado en Sevilla en 1594. La obra ofrece una perspectiva única de la historia del archipiélago canario hasta el siglo XVI.

Alonso de Espinosa nació en Alcalá de Henares en 1543, pero fue educado en Guatemala y desempeñó algunos trabajos para la Iglesia católica en las Indias. A finales de la década de 1570 recaló en Canarias, y tras pasar por varias de las islas se asentó en el convento dominico de Candelaria, en Tenerife. Su nuevo destino despertó su interés por recopilar milagros atribuidos a esta advocación y reconstruir la historia del archipiélago, de forma que, con el apoyo de las autoridades religiosas y civiles de las islas, emprendió una investigación exhaustiva recopilando documentos y entrevistando a personas.

Durante sus pesquisas, a mediados de 1590, Alonso de Espinosa supo del comportamiento de un capitán de galera, Hernando de Velasco, encargado de la construcción de fragatas para la defensa de las islas. Velasco era conocido en Icod por su despotismo con subalternos y vecinos y por las blasfemias que profería, y Espinosa lo denunció ante el Santo Oficio para defender a los agraviados. El acusado fue detenido y juzgado, y tras desfilar en el auto de fe del 1 de mayo de 1591, fue condenado a remar por cinco años en galeras. La historia pudo haber terminado ahí para el fraile historiador, pero cometió el error de visitar al reo en la cárcel inquisitorial de Las Palmas y presumir luego en Icod de haber sido el responsable de su arresto. Comenzó a investigar la conducta del capitán por su cuenta, fingiendo estar comisionado por el tribunal, pero acabó delatado en octubre de 1590. En enero de 1591, en espera de juicio, se ordenó su encierro preventivo en el convento de Santo Domingo de Las Palmas.

En febrero de 1592, aún confinado, Espinosa solicitó que se le permitiera salir de su celda y que se le señalara «esta ciudad por cárcel» para gestionar la publicación de su libro, que ya estaba redactado. El tribunal accedió, en un cambio de postura que culminó el 12 de mayo, cuando la Inquisición cerró la causa imponiéndole la única pena de ser reprendido en la sala de audiencias.

Dada la ausencia de imprentas en Canarias, Espinosa contactó en Sevilla con el librero Fernando Mexía, que costeó la impresión en el taller de Juan de León. El volumen resultante, publicado finalmente en 1594, sumaba 400 páginas en formato 8º (15 x 10.5 cm). Aunque se imprimieron varios cientos de ejemplares, la edición es hoy extremadamente rara porque las copias fueron sistemáticamente destruidas por los herederos del conquistador Lope Hernández de la Guerra, que se sintieron ofendidos por una afirmación de Espinosa sobre su línea genealógica. Cuando Espinosa murió, en una fecha indeterminada anterior a 1602, no sabemos si estaba siendo testigo de la destrucción de su principal legado intelectual.

El ejemplar de El Museo Canario ingresó en 1954, adquirido por 3000 pesetas al librero madrileño Julián Barbazán por mediación de José Luis González Alvarado. Desde entonces, la edición príncipe de esta obra de Alonso de Espinosa es un símbolo de la riqueza patrimonial de El Museo Canario.

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