PIEZAS DESTACADAS
La limpieza de sangre de Rita Tomasa Villafuerte (1768-1772)
Durante la Edad Moderna, la Monarquía Hispánica utilizaba los expedientes de limpieza de sangre como un mecanismo de control social. La ausencia de ascendencia judía, musulmana o hereje era un requisito indispensable para demostrar la condición de cristiano viejo y la honorabilidad, y, por tanto, para acceder a cualquier cargo público. El Archivo de la Inquisición de Canarias, custodiado en El Museo Canario, alberga 558 expedientes de limpieza de sangre, siendo el de Rita Tomasa Villafuerte Mondresa y Capurro un claro ejemplo. El expediente se inició en 1768 y concluyó en 1772.
Como en otros ámbitos, en la Inquisición se utilizaron estos informes como un instrumento clave para identificar posibles manchas familiares y asegurar que los aspirantes y sus cónyuges fueran dignos. Así, aunque las mujeres no podían ocupar cargos en el Santo Oficio, el expediente de Rita Villafuerte se hizo necesario a petición de su prometido, Dionisio Treviño de Frías, quien era nuncio y ayudante del secreto inquisitorial. Un oficial de la Inquisición que deseara casarse debía certificar la legitimidad y limpieza de sangre de su futura esposa.
El expediente de Rita Villafuerte ilustra una tramitación que estaba rigurosamente pautada: el proceso comenzó con una solicitud en la que la propia Villafuerte presentaba su genealogía (padres y abuelos) en abril de 1769. Tres comisionados en Santa Cruz de Tenerife, de donde era la aspirante, redactaron informes sobre su forma de vida y legitimidad, que fueron aceptados a falta de estudiar la línea paterna, originaria de Madrid. El inquisidor autorizó entonces las pruebas de limpieza, que costeaban los solicitantes mediante un depósito. Doce testigos que fueron interrogados en Tenerife acreditaron que Villafuerte era cristiana vieja y limpia de sangre, y sus declaraciones nos aportan datos como su edad (40 años), la reciente muerte de su padre y su traslado a Gran Canaria. Más tarde, seis testigos italianos ampliaron datos sobre un abuelo genovés, y otros doce fueron interrogados en Madrid por la rama Villafuerte.
La Inquisición recopiló entonces documentación pertinente, por ejemplo en la parroquia de la Concepción de Santa Cruz o en la de San Martín de Madrid, y cotejó los apellidos en los archivos inquisitoriales en busca de parientes penados por el tribunal, lo que en este caso resultó infructuoso, confirmando la tesis de la limpieza. El proceso culminó con el auto de aprobación dictado por el inquisidor general el 17 de octubre de 1771, y ya solo restaba calcular la tasación, que pormenorizó el coste total del proceso en 460 reales y 6 cuartos.
El expediente de Rita Tomasa Villafuerte Mondresa y Capurro es una fuente valiosa que expone la intolerancia de la Inquisición española y cómo la limpieza de sangre operó como un potente mecanismo de exclusión social para aquellos cuyos apellidos o cuya ascendencia fueran considerados impuros.