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Vida y muerte en el Andén del Tabacalete

Vida y muerte en el Andén del Tabacalete

Entre los restos humanos que El Museo Canario conserva y estudia para desarrollar nuestros conocimientos sobre la sociedad indígena de Gran Canaria, se encuentra un cráneo de un hombre adulto procedente de la necrópolis del Andén del Tabacalete, en la Sierra del Bentayga. A través de su análisis se exploran no solo los aspectos biológicos de este individuo, sino también la historia de su comunidad, la evidencia de violencia interpersonal en la sociedad prehispánica y las prácticas arqueológicas de principios del siglo XX.

El cráneo pertenece a uno de los 42 individuos recuperados en dos expediciones arqueológicas organizadas por El Museo Canario en 1928 y 1932. En ese tiempo, el objetivo principal de la antropología física era clasificar los grupos raciales por las características del cráneo, un método arqueológico inadecuado en el que no se registraba la relación entre las distintas partes del esqueleto, causando una pérdida de información histórica.

La necrópolis del Andén del Tabacalete pertenece al complejo de la Sierra del Bentayga, declarado Bien de Interés Cultural. La datación por carbono-14 sitúa la ocupación del área desde el siglo VI d. C., y la necrópolis está datada entre los siglos VII y X. Los estudios sugieren que la ocupación se prolongó a lo largo del tiempo, pues la región sirvió de refugio durante la conquista castellana.

El análisis del cráneo revela información sobre la vida del individuo y las prácticas de su comunidad. Por ejemplo, presenta cribra orbitaria, una lesión porótica en la órbita del ojo que indica un estrés no específico, quizás nutricional o infeccioso. Los estudios de isótopos estables en restos óseos de la necrópolis señalan que la dieta de esta comunidad se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería, con un consumo muy bajo de recursos marinos; la dependencia agrícola y los parásitos intestinales detectados en momias de la zona pudieron generar estos problemas de salud. Además, los dientes del cráneo muestran un desgaste severo, atribuido al consumo de granos molturados en molinos de piedra.

Tal vez lo más destacable de este cráneo sean las dos fracturas significativas que presenta. La primera es una fractura de los huesos nasales y del maxilar izquierdo que está completamente curada. Su posición sugiere que fue el resultado de un acto de violencia interpersonal, muy probablemente un golpe con un objeto contundente o con el puño de una persona diestra. Se trata de una lesión común en los hombres de la población aborigen, lo que refleja un patrón de violencia específico de género.

La segunda fractura es una lesión lineal en la porción mastoidea izquierda. No muestra signos de curación, lo que sugiere que fue la causa de su muerte. Este traumatismo contuso de alta energía sigue un patrón de violencia letal observado en otros restos del Andén del Tabacalete, con golpes mortales dirigidos a la base del cráneo. El 24 % de los cráneos de la misma necrópolis presenta lesiones por conflictos, lo que indica que la violencia física era un elemento constante en la vida de esta comunidad. Además, los dientes frontales del cráneo tienen fracturas que podrían estar relacionadas con el mismo evento que causó el traumatismo mortal, quizás por un golpe o una caída.

El estudio de este cráneo se enmarca en el proyecto de investigación SEVIOCAN, cuyo objetivo es entender las condiciones históricas y sociales del conflicto en las sociedades indígenas de Canarias.

Una carta de la señora Stone

Una carta de la señora Stone

Una carta dirigida al doctor Gregorio Chil y Naranjo, fundador de la Sociedad Científica El Museo Canario, escrita por la viajera y escritora irlandesa Olivia Mary Stone (1856-1898) es un buen ejemplo de correspondencia amistosa entre personas cultivadas en el siglo XIX. Puesta en relación con otras piezas del Centro de Documentación de El Museo Canario proporciona un mejor entendimiento de las relaciones entre el Dr. Chil y su círculo de relaciones personales.

Olivia Stone fue autora de la celebrada obra Tenerife and its six satellites or The Canary Islands, past and present. Nuestra biblioteca conserva cinco ejemplares de los dos tomos de su primera edición (Londres, 1887), la colección más numerosa en las islas, lo que se explica, en parte, por la amistad de la autora con el doctor Chil, rastreable en algunos documentos conservados en la institución. Estos testimonios aportan referencias a personajes relevantes de esa época, como Pilar del Castillo Westerling o Arthur Henry Béchervaise, miembros del círculo de amistades de don Gregorio.

El éxito del libro de Stone sobre las islas propició una segunda edición en un tomo (Londres, 1889), del que conservamos tres ejemplares. A ellos hay que añadir uno de su anterior obra, Norway in June (Londres, 1883), considerado hasta el momento el único conservado en las bibliotecas públicas canarias, con una afectuosa dedicatoria manuscrita: «Al señor doctor don Gregorio Chil con los mejores deseos de la autora y simplemente gracias por sus muchas bondades. Las Palmas 8 de febrero de 1884».

En otoño de 1887, Stone envió al doctor Chil un retrato suyo y otro de su esposo acompañados de unas palabras de agradecimiento en recuerdo de su amabilidad. Las fotografías fueron hechas en Las Palmas el 17 de diciembre de 1883.

La obra de Stone despertó mucho interés entre la minoría ilustrada del archipiélago, y los pocos ejemplares que llegaban pasaban de mano en mano. Por ejemplo, Pilar del Castillo Westerling, hermana de conde de la Vega Grande y del pintor Juan del Castillo, colaborador de Chil, devolvió el 18 de julio de 1888 el ejemplar que le había prestado el doctor, y lo acompañó con una tarjeta en la que le informaba de que había traducido dos párrafos, sin duda aquellos en los que la señora Stone elogia a su amigo.

En la primavera de 1889, Olivia Stone redactó en perfecto español una afectuosa y expresiva carta con destino a Gregorio Chil. En ella anunciaba la recepción del segundo tomo de sus Estudios históricos, cuyo envío agradecía cordialmente. Tras felicitar a Chil por haber completado este tomo y desearle «luengos años de vida» para seguir publicando el resultado de sus investigaciones, Stone informaba a Chil sobre el éxito de ventas de Tenerife and its six satellites y le anunciaba la próxima salida de la segunda edición corregida y perfeccionada. Finalizaba con sentidas expresiones de buenos deseos, en línea con los usos de su época.

Un emotivo testimonio final de aquella amistad lo constituye la noticia del fallecimiento de la escritora, trasmitido a su amigo Chil por Arthur Henry Béchervaise, superintendente de la Compañía Nacional de Telégrafos Submarinos de España, por carta del 22 de marzo de 1897.

Este conjunto de testimonios ilumina algunos aspectos relevantes de la vida de Olivia Stone y de la recepción de su obra en Canarias, archipiélago que tanto contribuyó a dar a conocer.

La limpieza de sangre de Rita Tomasa Villafuerte (1768-1772)

La limpieza de sangre de Rita Tomasa Villafuerte (1768-1772)

Durante la Edad Moderna, la Monarquía Hispánica utilizaba los expedientes de limpieza de sangre como un mecanismo de control social. La ausencia de ascendencia judía, musulmana o hereje era un requisito indispensable para demostrar la condición de cristiano viejo y la honorabilidad, y, por tanto, para acceder a cualquier cargo público. El Archivo de la Inquisición de Canarias, custodiado en El Museo Canario, alberga 558 expedientes de limpieza de sangre, siendo el de Rita Tomasa Villafuerte Mondresa y Capurro un claro ejemplo. El expediente se inició en 1768 y concluyó en 1772.

Como en otros ámbitos, en la Inquisición se utilizaron estos informes como un instrumento clave para identificar posibles manchas familiares y asegurar que los aspirantes y sus cónyuges fueran dignos. Así, aunque las mujeres no podían ocupar cargos en el Santo Oficio, el expediente de Rita Villafuerte se hizo necesario a petición de su prometido, Dionisio Treviño de Frías, quien era nuncio y ayudante del secreto inquisitorial. Un oficial de la Inquisición que deseara casarse debía certificar la legitimidad y limpieza de sangre de su futura esposa.

El expediente de Rita Villafuerte ilustra una tramitación que estaba rigurosamente pautada: el proceso comenzó con una solicitud en la que la propia Villafuerte presentaba su genealogía (padres y abuelos) en abril de 1769. Tres comisionados en Santa Cruz de Tenerife, de donde era la aspirante, redactaron informes sobre su forma de vida y legitimidad, que fueron aceptados a falta de estudiar la línea paterna, originaria de Madrid. El inquisidor autorizó entonces las pruebas de limpieza, que costeaban los solicitantes mediante un depósito. Doce testigos que fueron interrogados en Tenerife acreditaron que Villafuerte era cristiana vieja y limpia de sangre, y sus declaraciones nos aportan datos como su edad (40 años), la reciente muerte de su padre y su traslado a Gran Canaria. Más tarde, seis testigos italianos ampliaron datos sobre un abuelo genovés, y otros doce fueron interrogados en Madrid por la rama Villafuerte.

La Inquisición recopiló entonces documentación pertinente, por ejemplo en la parroquia de la Concepción de Santa Cruz o en la de San Martín de Madrid, y cotejó los apellidos en los archivos inquisitoriales en busca de parientes penados por el tribunal, lo que en este caso resultó infructuoso, confirmando la tesis de la limpieza. El proceso culminó con el auto de aprobación dictado por el inquisidor general el 17 de octubre de 1771, y ya solo restaba calcular la tasación, que pormenorizó el coste total del proceso en 460 reales y 6 cuartos.

El expediente de Rita Tomasa Villafuerte Mondresa y Capurro es una fuente valiosa que expone la intolerancia de la Inquisición española y cómo la limpieza de sangre operó como un potente mecanismo de exclusión social para aquellos cuyos apellidos o cuya ascendencia fueran considerados impuros.