El legado británico en Gran Canaria: un patrimonio a conocer, proteger y divulgar

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Adrián Santana García

Este artículo sintetiza el trabajo Análisis, evaluación y plan de actuación inicial en torno al patrimonio histórico británico de la isla de Gran Canaria, desarrollado en 2024 para la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.

Una relación atlántica

La historia de Canarias está profundamente marcada por su posición estratégica en el Atlántico. Más allá de su condición insular, las islas han funcionado durante siglos como un espacio de tránsito, intercambio y contacto entre distintas economías, lenguas y culturas. En este contexto, la relación con Gran Bretaña constituye uno de los vínculos más intensos y duraderos, cuya huella sigue siendo visible, tangible, tanto en el territorio como en la memoria colectiva.

La presencia británica en la isla de Gran Canaria, donde la huella es más visible que en el resto, no puede entenderse como una suma de episodios aislados, sino como el resultado de un proceso histórico sostenido que se intensifica a partir del siglo XIX. Este proceso se articula en torno a dinámicas económicas, especialmente comerciales, pero también a prácticas sociales, culturales y territoriales que contribuyeron a transformar de manera significativa la realidad insular. Los primeros contactos relevantes se remontan a la Edad Moderna, poco tiempo después de la conquista castellana, cuando el vino canario, citado por Shakespeare en Enrique IV, alcanzó una notable aceptación en los mercados británicos, estableciendo así una relación que, con el tiempo, se consolidaría, diversificaría y enriquecería.

Durante la decimonona centuria, este vínculo adquirió una dimensión estructural. Potenciada por la entrada en vigor de la Ley de Puertos Francos de 1852, la exportación de cochinilla primero, y de plátanos, papas y tomates después, atrajo capital, tecnología y conocimiento técnico británicos, configurando un sistema económico estrechamente conectado con los mercados internacionales en la conocida como «era de las Canary Islands», citando al profesor Quintana Navarro. Este proceso sentó las bases de una presencia estable que se manifestó no solo en la economía insular, sino también en el paisaje y en la organización del territorio.

Puerto, empresa y transformación del territorio

El desarrollo del Puerto de La Luz a partir de 1883, bajo la concesión de las obras a la empresa de origen británico Swanston & Co., marcó un punto de inflexión en la historia de la isla. La construcción de esta infraestructura convirtió a Las Palmas de Gran Canaria en una escala estratégica de aguada dentro de las rutas atlánticas y en el marco de la carrera imperialista en el continente africano, reforzando su papel como nodo de conexión entre Europa, África y América. La participación de empresas británicas en su financiación, construcción y gestión fue decisiva y determinante, hasta el punto de configurar un espacio portuario estrechamente vinculado a los intereses comerciales del Imperio británico.

En torno al puerto se desarrolló un entramado empresarial que incluía compañías de carboneo, consignación marítima y exportación agrícola. Estas empresas generaron un paisaje industrial característico, compuesto por almacenes, depósitos, oficinas y otras infraestructuras auxiliares, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días. Este conjunto no solo refleja la dimensión económica de la presencia británica, sino también su capacidad para transformar el territorio y articular nuevas formas de relación con el espacio.

El estudio realizado en 2024 ha permitido identificar un importante número de elementos patrimoniales vinculados directa o indirectamente a esta presencia, lo que evidencia su notable implantación territorial. Se trata, además, de un patrimonio diverso tanto en su naturaleza como en su funcionalidad, que abarca desde infraestructuras industriales y portuarias hasta espacios residenciales, turísticos y religiosos.

Fachada del hotel Quiney’s de Las Palmas. Postal de la década de 1900.

Arquitectura, maquinaria y formas de vida

La consolidación de la comunidad británica tuvo una traducción directa en el paisaje construido, pero también en los objetos y en las formas de vida asociadas a estos espacios. El patrimonio británico en Gran Canaria debe entenderse, por tanto, en una doble dimensión: como patrimonio inmueble y como patrimonio mueble.

En el ámbito inmueble, este legado se materializa en viviendas, naves industriales, almacenes, oficinas, hoteles y equipamientos religiosos, que responden a distintas funciones dentro del sistema económico y social desarrollado por la comunidad británica. Estas edificaciones, especialmente visibles en Las Palmas de Gran Canaria y en otras áreas de la isla, constituyen ejemplos significativos de adaptación arquitectónica1, en los que se combinan referencias británicas con soluciones propias del contexto insular.

Por su parte, el patrimonio mueble –a menudo menos visible pero igualmente relevante– incluye maquinaria, mobiliario, elementos decorativos y útiles asociados tanto a la vida doméstica como a la actividad industrial y agrícola. Estos objetos permiten completar la comprensión de los espacios y de las prácticas que en ellos se desarrollaban, aportando una dimensión más cotidiana y tangible a la reconstrucción histórica.

En conjunto, este patrimonio refleja una notable diversidad funcional, que puede agruparse en grandes ámbitos como el industrial, el turístico, el residencial y el religioso, todos ellos estrechamente interrelacionados.

1 Arquitectos como Norman Wright o James McLaren firmaron proyectos que se ejecutarían en la isla, viéndose adaptados en ocasiones por arquitectos municipales como Laureano Arroyo y Fernando Navarro. Es importante destacar el uso, por parte de la comunidad británica, de catálogos de fachadas «tipo» para la ejecución de sus residencias, con elementos de la arquitectura victoriana como las bay y bow windows, amplios ventanales, jardines o tejados a dos aguas.

Un territorio articulado: funciones y espacios

Uno de los rasgos más significativos del patrimonio británico en Gran Canaria es su distribución territorial, que responde a una lógica funcional claramente definida. Lejos de concentrarse exclusivamente en la capital, este legado se articula en distintos puntos de la isla, asociado a actividades económicas y sociales específicas.

El núcleo principal de esta presencia se concentra en la capital, vinculado al puerto, al comercio, al turismo y a la vida social de la comunidad británica. Aquí se desarrollaron funciones residenciales, recreativas y religiosas que dieron lugar a un paisaje urbano característico. Destacan los antiguos headquarters de Fyffes, Miller & Co. y Elder & Dempster, la iglesia de la Santísima Trinidad y el cementerio británico, así como las viviendas de las familias Leacock, Blandy, Miller, Davies y Brown, que se extienden desde Guanarteme hasta Triana, pasando por Ciudad Jardín. Especial mención merece el desconocido complejo de Las Brujas, donde se encuentra el conocido como «Depósito de los Ingleses», infraestructuras ejecutadas por la City of Las Palmas Water & Power Co. en los prolegómenos del siglo XX.

Por su parte, municipios del norte como Gáldar y Santa María de Guía se especializaron en la agricultura de exportación, configurando un paisaje productivo en el que destacan fincas, acequias, empaquetadoras y almacenes vinculados a la producción hortofrutícola, estrechamente relacionados con el emporio gestionado por John M. Leacock y su hijo David, como la frágil vivienda de Becerril, edificada en 1914, o la fábrica sita frente a la residencia, vandalizada y ocupada en la actualidad.

En el interior, especialmente en zonas como El Monte, se consolidaron espacios de residencia estacional y turismo de interior, donde se edificaron villas y casas de recreo en estrecha relación con el paisaje. Especial mención merecen la antigua finca y residencia Las Magnolias de la familia Miller, el ya extinto hotel Quiney Bella Vista, hoy residencia privada, y las ruinas del establecimiento hotelero Los Frailes.

Finalmente, áreas como La Aldea de San Nicolás o Telde participaron también en este sistema a través de la agricultura intensiva, completando un modelo territorial en el que cada espacio desempeñaba una función específica dentro de un conjunto articulado. Como prueba referencial de la dispersión patrimonial y de la conquista del territorio por los intereses económicos británicos, se erige el almacén de tomates de la Fyffes en Guguy.

Imagen atribuida al acto de colocación de la primera piedra del Puerto de Refugio de La Luz por la compañía Swanston, 26 de febrero de 1883.

Camiones de plátanos de la empresa Fyffes Limited. Teodoro Maisch, 1925-1935.

Turismo, relato y proyección internacional

El turismo constituye otro de los ámbitos en los que la influencia británica fue especialmente relevante. Gracias al desarrollo tecnológico de la segunda revolución industrial y al abaratamiento de los costes de transporte, la isla comenzó a posicionarse como destino para visitantes europeos, especialmente británicos, atraídos por su clima y sus condiciones naturales.

La construcción de hoteles, la organización de servicios turísticos y la difusión de relatos de viaje contribuyeron a consolidar una imagen de Canarias como espacio de salud, descanso y «exotismo» accesible, como se desprende de los textos de viajeros y viajeras como Margaret D’Este, Elizabeth Murray, Florence Du Cane, Olivia Stone, Adam Samler Brown o el matrimonio Latimer. Este proceso tuvo un impacto duradero en la economía insular y en su proyección exterior. Infraestructuras como el antiguo hotel Towers, en el paseo de Las Canteras, el múltiples veces reformado Santa Catalina y el edificio del antiguo Quiney’s English Hotel, sito en la esquina de San Bernardo con Viera y Clavijo y hoy propiedad de El Museo Canario, así lo atestiguan.

En este contexto se inscriben dos episodios particularmente significativos. En 1927, el entonces duque de York, futuro Jorge VI, visitó la isla, mientras que ese mismo año la escritora Agatha Christie desarrolló una estancia temporal en Gran Canaria. Ambos hechos reflejan la integración de la isla en los circuitos internacionales y en los intereses británicos de la época.

Comprender y experimentar el patrimonio

En la actualidad, el patrimonio británico de Gran Canaria no solo plantea retos de conservación, sino también oportunidades en el ámbito de la interpretación y la divulgación. La dispersión territorial de los bienes, su diversidad tipológica y su carácter tanto público como privado, exigen nuevas estrategias para su conocimiento y puesta en valor.

En este sentido, resulta fundamental avanzar hacia la creación de circuitos culturales y experiencias inmersivas y digitales que permitan comprender este legado en toda su extensión y contexto. No se trata únicamente de identificar elementos aislados, sino de articular relatos que conecten espacios, funciones y temporalidades, facilitando una lectura integrada del territorio.

Este tipo de aproximaciones permite, además, enriquecer el conocimiento de un patrimonio que evidencia la permeabilidad, apertura y diversidad de Canarias como espacio histórico de contacto. A través de estas experiencias, el patrimonio deja de ser un conjunto estático de bienes para convertirse en una herramienta activa de interpretación del pasado y de construcción de identidades.

La presencia británica en Gran Canaria constituye un elemento fundamental para comprender su historia contemporánea. Su legado, tanto inmueble como mueble, industrial, turístico, residencial, recreativo y religioso, forma parte de un proceso histórico más amplio, vinculado a la inserción de la isla en redes atlánticas de intercambio.

En definitiva, se trata de un patrimonio que trasciende lo material para situarse también en el ámbito de la memoria y de las conexiones culturales. Una huella persistente que debemos guardar y que sigue definiendo, en buena medida, la identidad de una isla que se configura como un espacio abierto al mundo.

Iglesia anglicana de Las Palmas. Teodoro Maisch, 1925-1935.

Las Brujas. Instalaciones de la City of Las Palmas Water Power Co. Ltd., ca. 1930.

Edificios Elder, Miller y Priestley en el muelle de Santa Catalina. Friedrich Curt Herrmann, 1914.

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